sábado, 4 de julio de 2026

TEMBLOR 


Es el instante

el instante condenado, oscuro, cicatero

preñado de eternidades

el que nos pulveriza.

Es la noche que cayó como un telón sobre las cabezas

se metió con agujas en las pupilas

nos devolvió a las orillas de lo humano 

esta avidez por la vida que se escapa, inexorable

y descuenta latidos. Tres, dos. Uno. 

Es el temblor

La tierra que desencaja nuestra inercia para poder acomodarse.

No son dos ansias que puedan vivir juntas.

Ahora lo sabemos.  

Vestiremos largas túnicas para recordar este momento.

Seremos cáscaras, argamasa sin molde 

y también vasijas por llenar

madera demasiado blanda para tallarse

piedra demasiado resistente para ser domesticada por la piqueta.

Un dolor, una desesperación que nos posee

junto a la angurria y el ayuno

los siglos en cada minuto

un viaje incumplido

una clausura. 

La patria, malherida por la saeta, 

el brutal intervalo,

reclina su frente sudorosa 

se sume en el hueco interminable de las horas.