TEMBLOR
Es el instante
el instante condenado, oscuro, cicatero
preñado de eternidades
el que nos pulveriza.
Es la noche que cayó como un telón sobre las cabezas
se metió con agujas en las pupilas
nos devolvió a las orillas de lo humano
esta avidez por la vida que se escapa, inexorable
y descuenta latidos. Tres, dos. Uno.
Es el temblor
La tierra que desencaja nuestra inercia para poder acomodarse.
No son dos ansias que puedan vivir juntas.
Ahora lo sabemos.
Vestiremos largas túnicas para recordar este momento.
Seremos cáscaras, argamasa sin molde
y también vasijas por llenar
madera demasiado blanda para tallarse
piedra demasiado resistente para ser domesticada por la piqueta.
Un dolor, una desesperación que nos posee
junto a la angurria y el ayuno
los siglos en cada minuto
un viaje incumplido
una clausura.
La patria, malherida por la saeta,
el brutal intervalo,
reclina su frente sudorosa
se sume en el hueco interminable de las horas.















